La vida en un saco de dormir

Ya sabéis que soy un poco dramatix de la vida, pero es que el saco de dormir y yo… no es que nos llevemos muy bien.

 

Y la historia se volvió a reproducir este fin de semana. Fuimos a Titaguas para cantar en la Noche de las Velas (si no habéis ido nunca, el año que viene no os la perdáis… es demasiado bonita), y unos cuantos decidimos quedarnos en el camping de la piscina.
Noche de las Velas
Noche de las Velas

 

Ay qué cosa más incómoda. Yo suelo de ser de “el campo para cuando lo asfalten” 😛
Aunque bueno, pasear por zonas verdes, andar por zona “llana” de montaña y respirar aire puro, me chifla. Pero lo de dormir en el campo… nunca le he visto la gracia. Piedras en el suelo (y por ende inestabilidad para dormir), bichos, etc. Y para colmo dentro de una tienda donde tienes que compartir el aire!!! 😛 (A exagerada tampoco me suelen ganar…)

 

El año pasado me estrené en el mundo de las tiendas de campaña, y después de dormir unas ¿4 horas? Me dije “una y no más”. Señó! Donde esté una habitación con una cama normal, ¡que se quite lo demás! Jajaja

 

Titaguas 2017
Titaguas 2017

 

Pero bueno, como es por todos sabido, nunca digas nunca, porque la vida te la devuelve y ¡tachán! Este finde me tocó tragarme mis palabras y dormir en una tienda. Dormir, dormir… unas 2 horas, y reír… ¿otras 2, Robert? 😝

 

El caso de este post es que en la “habitación” de al lado (dormimos en una tienda-mansión, donde Robert y yo compartíamos el hall de la casita… así de romántico todo…) estaba Patri, y después de mis mil quejas al no poder moverme, se permitió el lujo de decirme “¿y por qué no escribes sobre el saco de dormir?” Y aquí estoy, intentando describir el mundo saco 😂

 

Vale, una vez montada la tienda (muy mona ella, todo hay que decirlo), te dispones a echar el saco encima de la colchoneta y entre risas, viene el primer planteamiento, “¿con la cabeza dentro o para fuera?”. Pero menos mal que tenía un compañero más hecho al tema, que dijo “siempre para fuera, que te da más aire” (aire, olores varios,… todo lo que hay en el campo te llega antes si tienes la cabeza para fuera), pero bueno, quitando eso, me quedo con que teníamos un techo de estrellas que claramente solo podíamos verlo si teníamos la cabeza fuera.

Después de echar el saco, lo más divertido (sobre todo si vas con un nivel de alegría elevado) es meterte. Súmale la colchoneta blandiblú y tú dando vueltas por encima, hasta que consigues entrar dignamente y convertirte en sirena.

Pese a sobrarme medio saco, tocaba cerrar la cremallera y ¿creéis que podía? Dando vueltas cual oruguilla hasta que lo conseguí. Pasadas las 2 horas de dormir, te despiertas en la misma postura (dime cómo te vas a mover allí dentro!) y todo te molesta. Los pies tocaban la costura y no podía estirarme… De nuevo modo oruga y pegando saltitos como si de un pez a punto de salir del mar me tratase, conseguí recolocarme y aguantar una hora más allí dentro.

Y aquí una muestra de la supervivencia oruguil:

Compis de hall
Compis de hall

 

¿Pero puede haber algo más coñazo que despertarte cuando todos duermen, tienes hambre, y fuera hace un frío de cojines para salir e irte a dar un paseo?  No. Horrible todo😅. Menos mal que mi compi de hall me aguantó dándole la coña hasta que el resto de tiendas empezaron a despertar 😆

 

Y nada, aquí tienes mi post, pastelito; y tu mención, cabrito 😉

 

 

 

Si el año que viene decimos de volver a Titaguas, seguro que me lo vuelvo a pensar, pero acepto volver a dormir en el suelo, modo oruga y quejándome de todo lo que ello conlleva😊

🙂

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