Lleida

Igual como el año pasado, me fui con mis pas’ y mi her a pasar unos días fuera. No queríamos irnos muy lejos para poder aprovechar las 3 noches que íbamos a estar… así que este año elegimos Lleida como territorio base, como pasó como Pamplona. A partir de ahí, google maps y mi pasado como historiadora del arte hicieron el resto. 

Siguiendo el mismo esquema de Pamplona, elegimos un apartamento, Apartaments Peronel·la (en Booking. Aprovecho para dejaros este enlace donde conseguiréis un 10% de descuento en vuestra próxima reserva 😉 https://www.booking.com/s/27_8/aca13cdf) en el mismo centro, pero sin estar en plena aglomeración. Ideal. 
3º con ascensor, 2 habitaciones (1 con cama de matrimonio y la otra con literas, eso sí, comodísimas), cocina (con todos los accesorios de cocina), comedor y 2 baños. Con vistas a la avenida principal y aire acondicionado. Como decía, ideal. Cuquísimo.

 

En Lleida city pasamos solo la visitamos por las tardes cuando volvíamos de nuestras excursiones, por lo que nos quedaron cosas por ver, como el Castillo de la Suda y la Catedral, que solo visitamos los exteriores. Y cenar, siempre en casa, que después del tute apetecía poco buscar sitios para cenar (y teníamos Mercamoñas a una calle)

 

La salida la hicimos a media mañana porque el tiempo no acompañaba, y solo paramos por el camino a tomar un café. Dejamos trastos en el apartamento y nos fuimos a conocer un poco la ciudad.
Como veis en las imágenes, para subir a la parte vieja de la city hay ¡escaleras mecánicas! Pero la cosa no acaba ahí, hay un ascensor que te sube a la parte más alta, luego cruzas un pasadizo de tablas de madera, y ya entras en otra época. 
Como ya he dicho, todo lo vimos por fuera porque era tarde (y para colmo empezó a llover!), pero la entrada son 6€, y tiene pinta de ser ‘mel de romer’. 

 

Al día siguiente sí madrugamos y nos fuimos directos a Montblanc (a 45Km), donde se dice que ocurrió la leyenda de Sant Jordi, y que delante del portal el santo mató el dragón. Y obviamente, a parte de recorrer la muralla que envuelve el casco antiguo y callejear, buscamos ese portal.

 

Pasamos la mañana, y continuamos la ruta hacia el Monasterio de Poblet. Siendo de Quart, pues “la curiosidad era verde y se la comió un burro”; os dejo un trocito del por qué Quart es ‘de Poblet’:

 
Fue en 1287 cuando Cuart, por decisión del rey Alfonso II quedó bajo jurisdicción del Monasterio de Santa María de Poblet, perteneciente a la Orden del Císter y del que dependía el de San Vicente de la Roqueta. De hecho, un monje de San Vicente continuó siendo el mayoral del lugar, aunque a veces delegaba las funciones en el alcalde. En 1332, el rey Alfonso IV dio permiso al abad de Poblet, Ponç de Copons, para expulsar a los mudéjares y en 1334 otorgó la carta de poblamiento a 52 familias de Cataluña y Aragón, que hicieron de Cuart de Poblet su nuevo hogar. Esta carta consagró el nacimiento de la actual ciudad. La dependencia de Poblet se mantuvo hasta la desamortización decretada por Juan Álvarez Mendizábal en 1835. Quedó como legado la segunda parte del nombre del municipio.

Hicimos la visita sin guía (8’50€ c/u), aunque hubo una pareja que sí lo contrató y nos acabó dando información a todos los que íbamos por libre 😛

Comimos en el pueblo con un vinito de la zona ^_^ 

 

El día lo acabamos paseando por LLeida, y el día siguiente fue bru-tal. 

Madrugamos y cogimos carretera hacia el norte, porque el destino era la Vall de Boí, donde se encuentra la magia del románico. Iglesias como Sant Climent de Taüll las estudié en la de carrera, hace así como 13 años, y claro.. una siente cierta nostalgia y ¡necesitaba verlas en directo! 
Así que después de 2h de coche, llegamos al destino. 
Bueno, miento, hicimos 2 paradas: la del almuerzo en un pueblito que pillaba de paso, y la 2ª por las vistas dignas de foto. ¡Qué belleza de paisaje! 

Para que veáis que no miento ♥

Mentiría si no dijera que hice más de 20 fotos al paisaje, pero es que lo que veía tenía que guardarlo (y eso que mi retina lo guarda como oro en paño) Bestial, de verdad. 

Y ya una vez en la zona del Boí, nos dirigimos hacia Tahull, para ver la primera, Sant Climent. Allí compramos la entrada (elegimos el pack de 3 iglesias) 
Existen diferentes opciones para la compra de entradas:

  • Entrada individual: 5€ Sant Climent, y el resto a 2€
  • Entrada conjunta: 3 iglesias 7€, 3 iglesias + centro románico 8€ ó 5 iglesias + centro románico 10€. 
  • Santa María tiene entrada gratuita, y los niños hasta 10 años entran gratis. 

La imagen del Cristo en Majestad de Taüll ha sido la imagen emblemática más utilizada para representar el románico catalán. El original se conserva actualmente en el Museu Nacional d’Art de Catalunya. 

Seguimos el caminito que nos llevaba a Santa María, y nos encontramos una iglesia muy pequeñita, donde veremos la escena de la Epifanía en el ábside.

Y las calles del pueblito también son dignas de disfrutar, eso y las vistas que dejan a su paso… Aix… 

 

La siguiente parada también fue importante, la comida. Jajajaj! 
Investigué días antes, y el sitio no pudo ser más ideal: Hostal La Plaça. Pagabas 1.50€ más c/u por comer en la terraza, pero como veréis en las fotos, no podía ser más idílico.

 

Antes de comer quería haber ido a Sant Joan, porque Boí nos pillaba de bajada de Taüll, pero no llegábamos a la reserva del restaurante. Así que aprovechamos y vimos Santa Eulàlia d’Erill la Vall, que destaca por su torre esbelta de planta cuadrada y 6 pisos de altura (aunque aquí solo subimos hasta el primer piso…jajaj). En el ábside encontramos una copia del grupo escultórico del Descendimiento de la Cruz, el único que se conserva íntegro del Taller de Erill.

 

Y para acabar, fuimos hasta Durro para visitar La Nativitat, donde destacan las grandes proporciones de la nave, campanario, portada esculpida y el pórtico.

 

Y ahí se acabó nuestra visita a la Vall de Boí, entre otras cosas porque era tarde y porque empezó a llover, y bueno, no os lo he dicho pero si os mareáis en el coche, tomaos una pastillita y una siestecilla, porque son todo curvas hasta llegar… jajajaj

Esa noche pretendíamos cenar fuera por ser la última, pero estábamos k.o, y el sábado salimos bien prontito para llegar a comer a casa… 

 

 

 

Espero que os haya gustado, y si vais… ¡me contéis! 

Por el momento la Lidi viajera se queda cuidando el poblado y con los recuerdos de estos viajes 🙂 

Espero no tardar mucho y contaros “Budapest-Viena-Praga” 😉

 

Lidi Piruletas 

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